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sábado, 4 de julio de 2015

Por el Oriente abulense...

Hoy, 4 de julio, Juan Ramón y yo decidimos pasar la mañana en el embalse de los Serones.
De camino por la carretera de Navalperal, un poco antes de cruzar el río Voltoya, divisamos un águila culebrera (Circaetus gallicus) posada sobre un poste eléctrico que se dejó fotografiar a placer:

Águila culebrera (Circaetus gallicus) en Campo Azálvaro.
Águila culebrera (Circaetus gallicus) en Campo Azálvaro.
Águila culebrera (Circaetus gallicus) en Campo Azálvaro.
Águila culebrera (Circaetus gallicus) en Campo Azálvaro.

Cuando llegamos al embalse, eran casi las 10:00 y hacía mucho calor, así que vimos poca cosa... Parecía que nuestro plan se había chafado, pero decidimos continuar por la carretera de Navalperal para buscar al alcaudón más escaso y localizado de la provincia. La carretera comenzó a subir por las estribaciones Occidentales de la Sierra de Malagón hasta alcanzar el Puerto de la Lancha, que comunica el Campo Azálvaro con Tierra de Pinares. Lo más destacable que vimos fueron roqueros rojos (Monticola saxatilis) y alcaudones comunes (Lanius senator), pero ni rastro del ave que buscábamos.

Alcaudón común (Lanius senator) en Campo Azálvaro.
Alcaudón común (Lanius senator) en la Sierra de Malagón.

En el puerto, dimos media vuelta y nos volvimos hacia Ávila. Pero nos dio por parar en una cuneta y, a parte de ver lo que a mi me pareció una curruca tomillera (Sylvia conscipillata), divisamos sobre un arbusto al tan ansiado alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio). Este pequeño matador, abunda en el Norte ibérico, pero en el resto de la Península es escaso y tan solo se distribuye de manera muy localizada en el Sistema Central, donde parece estar en expansión. Juan Ramón ya lo había visto por aquí, pero yo era la primera vez que lo veía en Ávila.

Alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio) en la Sierra de Malagón.
Alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio) en la Sierra de Malagón.

Y con estas imágenes del escaso dorsirrojo, cierro la entrada.

Un saludo.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Paseo alrededor de la Presa de Alba

El domingo 3 de agosto, aprovechando nuestra estancia en Burgos, nos fuimos con mi tío al monte, a hacer senderismo. De todas las rutas que conoce (es el administrador del blog Sendas de Burgos ), escogimos una que bordea la Presa de Alba, en la localidad de Villafranca Montes de Oca. La ruta parte de la Ermita de Nuestra Señora de Oca, donde dejamos el coche.

Nada más bajar del vehículo, nos recibieron escribanos soteños, currucas capirotadas, herrerillos y carboneros comunes. Pero no fueron los únicos. Un paseriforme "gordo" y grande de vientre rojo pasó volando sobre nuestras cabezas y se posó sobre una zarza cercana. ¡Un camachuelo común macho! Vaya pájaro más bonito, además estaba cerquísima nuestro, sin necesidad de prismáticos se podía ver un bulto rojo y gris que asomaba de la zarza. En seguida se fue volando, así que iniciamos la marcha.

Lugar en el que dejamos el coche y vimos el camachuelo
Tras pasar sobre un riachuelo, nos internamos en un hayedo en el que vimos un arrendajo.



Al salir del hayedo, el paisaje se abre y se da lugar a una pequeña pradera. Desde ahí, se pueden ver vistas espectaculares de los Montes de Oca y la Sierra de la Demanda. En dicha pradera, vimos jilgueros y pardillos.



A continuación, descendemos por un paisaje de monte bajo al desfiladero de oca. Allí vimos un agateador (¿común o norteño?), un águila culebrera, busardos ratoneros, herrerillos, alondras comunes y totovías y un bisbita arbóreo que se posó sobre una encina para al poco rato salir volando.




Una vez abajo, en el desfiladero, tuvimos que volver a subir, esta vez por un bosquecillo, donde me llevé la segunda sorpresa del día. ¡Un carbonero palustre! Vaya sorpresón, a este si que no esperaba verlo. Tras un ratito disfrutando de el, se marchó. Continuamos la subida hasta que llegamos a otra praderita en la que vimos currucas capirotadas y un acentor común, además de alguna alondra común. 



Tuvimos que volver a bajar, esta vez para llegar a un riachuelo que teníamos que pasar para de nuevo subir. En la bajada al riachuelo, vimos varios aviones roqueros y un halcón peregrino con un pequeño mamífero entre sus garras. Una vez atravesado el riachuelo y subida la cuesta, llegamos a un llano con matorrales y vegetación de baja cobertura con un pinar al fondo. Allí, vimos varios alcaudones dorsirrojos (que aunque ya los había visto en Escalante y en mi pueblo, seguía emocionándome al verlos) y alguna collalba gris y tarabilla común. 






Continuamos andando y llegamos a otro hayedo, en el que volví a ver un arrendajo y un camachuelo común (macho). Tras salir del hayedo vimos busardo ratonero, cuco común y más alcaudones dorsirrojos. 





Finalmente llegamos al antiguo despoblado de Alba, hoy cubierto por la vegetación, donde paramos a descansar y vimos petirrojos y otro camachuelo común. Tras abandonar el pueblo, nos dirigimos a la presa de Alba. En el camino no vimos nada que no hubiéramos visto antes: alcaudones dorsirrojos (esta vez más cerca que nunca), pardillos, tarabillas comunes y una totovía.



Una vez en la presa de Alba, otro halcón peregrino (esta vez adulto, el otro era juvenil) nos pasó por encima. También me llamó la atención cómo los aviones roqueros se posaban en las paredes casi verticales de la presa, era muy curioso. Continuamos andando, y en el camino de la presa hasta el coche (se pasaba por una especie de desfiladero) vimos lavandera cascadeña y colirrojo tizón.




miércoles, 23 de julio de 2014

Paseo en bicicleta por el Valle Amblés.

Hoy, 23 de julio, me he levantado pronto para cogerme la bicicleta e irme a dar un paseo por un camino de tierra que atraviesa gran parte del Valle Amblés, de Ávila a Salobralejo. Hoy tan sólo quería llegar hasta donde conozco, es decir, hasta El Fresno. Salí de casa sobre las 09:25, casi media hora más tarde de lo previsto. En menos de diez minutos, ya estaba en el camino.
La tarde anterior, también había estado por este camino y vi (además de las aves que vi hoy, que ya contaré más adelante) terreras comunes y una calandria, por lo que me figuraba que las aves "estrella" del día serían los aláudidos. Sin embargo, no fue así...

Atardecer en el Valle Amblés

Al principio, el camino esta rodeado de árboles que albergan palomas torcaces, gorriones comunes y verdecillos. Pero a medida que se dejan los árboles atrás, el camino se va animando y empiezan a aparecer collalbas grises y cogujadas comunes. Estas últimas, como es normal en un paisaje de cultivos y barbechos, me acompañarían durante todo el viaje y serían la única especie de aláudido que vería hoy.
Otras aves fáciles de ver son las abubillas, las cornejas negras y los cernícalos vulgares que buscan alimento en los campos colindantes y los jilgueros y pardillos que se posan en los cardos y arbustos de los márgenes del camino. Cuando ya llevaba hechos unos cuantos kilómetros, vi una rapaz sobrevolando una colina. Resultó ser un aguilucho cenizo hembra, especie que no esperaba ver, pero que me alegró el trayecto. También pude ver algunos aviones zapadores que se alejaban de sus colonias para aventurarse en los mares de secano en busca de insectos que llevarse a la boca.

Una vez en El Fresno, me senté a la sombra de un árbol para descansar mientras observaba como paseriformes como lavanderas boyeras y blancas, pardillos, verdecillos, jilgueros, gorriones comunes y chillones, urracas y cogujadas comunes acudían a beber agua del Adaja. Al mismo tiempo, aviones zapadores y de vez en cuando algún solitario abejaruco europeo hacían acrobacias aéreas sobre el río. Tras un descanso de veinte minutos, cogí la bici de nuevo para iniciar el camino de regreso. Pasé por la piscina municipal y, en frente de esta, sobre unos cables, pude contabilizar alrededor de treinta abejarucos europeos. En la entrada de mi blog un paseo junto el adaja os hablaba de un descenso de abejarucos por la zona, que cualquiera que visitara ahora El Fresno no se lo creería, pues parece que ya han llegado.

Barbecho

Hacia El Fresno...

Aún emocionado por esta gran noticia, dejé El Fresno y me interné de nuevo en los cultivos. Ya eran las 10:45 y el calor empezaba a ser agobiante. Aún así, mi bicicleta seguía levantando collalbas grises, cogujadas comunes, pardillos y jilgueros. Aproximadamente un cuarto de hora después, me percaté de la presencia de una gran rapaz sobre un poste eléctrico. La miré con los prismáticos, no la identifiqué, me acerqué un poco y salió volando. Estuvo volando un buen rato alrededor del camino, y durante todo ese tiempo estuve yo tratando de identificarla. Por debajo, era clarísima, practicamente blanca, por lo que pensé en que podría ser o bien un busardo ratonero en morfo claro o bien un águila culebrera. Finalmente, y con la ayuda del buscador de imágenes de Google, determiné que se trataba de un águila culebrera juvenil. Más tarde, lo consulté en una guía de aves para confirmalo y en efecto se trataba de esta bella rapaz.

Sobre el poste eléctrico, águila culebrera

Justo después de que se marchase el águila, apareció una bonita oropéndola de entre los árboles de una finca. Continué por el camino y vi dos aves de tamaño medio posadas sobre unos tendidos eléctricos. Se trataban sin duda del algún tipo de halcón o cernícalo, pero estaban demasiado lejos para determinar la especie. Unos abejarucos europeos pasaron por encima suyo y poco después una de las dos aves salió volando y vino a parar justo a donde yo me encontraba. Estaba encima mío, así que miré con los prismáticos y... ¡un cernícalo primilla! Su pequeño tamaño y la palidez de sus alas le delataban, era un cernícalo primilla hembra. Después de revolotear sobre mi un rato, se volvió al tendido eléctrico. Se posó sobre el poste más cercano, donde se encontraba el otro ave, y éste se posó donde se encontraba antes la hembra. Entonces, pude ver bien las alas de este segundo halcón y me di cuenta de que se trataba de un macho de la misma especie. Vaya bimbazo (o mejor dicho, vaya dos bimbazos), los cernícalos primilla se encuentran en peligro de extinción, y ver a dos ejemplares a escasos kilómetros de mi casa, es todo un privilegio.
Proseguí. El resto del camino estuvo sin novedades, a excepción de un pico picapinos que apareció casi al final del camino, en la zona arbolada.

Llegué a casa, sediento y exhausto, pero convencido de que esta gran mañana se repetirá.