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viernes, 3 de octubre de 2014

El Oso: Espátula y más

Como ya habréis leído en la entrada anterior, el viernes 26 de septiembre, me pasé por la Laguna de El Oso, de nuevo con Juan Ramón y Jorge, aprovechando uno de los pocos días despejados de la semana. Nada más llegar, nos encontramos con la espátula que ya habíamos visto el anterior domingo, rodeada de ánades azulones.

Espátula y azulones.
Espátula y azulones.
Espátula y azulones.
Espátula y azulones.

Además de la espátula y los azulones, en la laguna solo había cercetas comunes. Era en las tierras aledañas a la laguna donde se dejaban ver las aves. En frente del observatorio, ánades azulones, cornejas negras y lavanderas blancas buscaban alimento entre las hierbas.

Cornejas negras.
Ánades azulones.

Una agachadiza común se escondía entre en el prado.


Agachadiza común.
Agachadiza común.

Mientras un aguilucho cenizo sobrevolaba las inmediaciones de la laguna, unas tarabillas norteñas (a las que no pude pillar) se posaron en unos juncos secos.


Aguilucho cenizo.
Aguilucho cenizo.

Cuando ya nos íbamos, una garza real vino para despedirse de nosotros.


Garza real.
Laguna de El Oso.
Saludos.

martes, 5 de agosto de 2014

Los charranes de Trengandín.

Aprovechando mi estancia en Noja, el martes 29 de julio me pasé por la Playa de Trengandín, pero esta vez y al contrario que en años anteriores, me llevé los prismáticos pues sabía que por la playa se veía una especie de ave que me interesaba. 
Cuando llegué sobre las 13:00, la marea estaba baja, y sobre unas rocas que sobresalían del agua, localicé a las aves que buscaba. Estoy hablando de los charránes patinegros, que recién llegados de sus colonias de cría en las Islas Británicas, se preparaban para pasar el invierno en las costas del Mar Cantábrico. Allí estaban, posados sobre las rocas a escasa distancia de los seres humanos, y yo con el agua hasta la cintura observándoles con los prismáticos. 
La mayoría de las aves posadas sobre las rocas eran juveniles, y de vez en cuando aparecían adultos con peces en la boca para alimentarles. Parece mentira que hayan venido desde GB y aún no puedan cazar por si mismos. 

Los que si que cazaban por si mismos eran sus progenitores, que me deleitaban con sus espectaculares zambullidas en busca del alimento. Se lanzaban al agua en picado como si de misiles se tratasen, y emergían con peces que habían tenido la mala suerte de acabar en su pico. Todo un espectáculo, del que también gozaban cormoranes moñudos y gaviotas patiamarillas posados sobre las rocas que más alejadas estaban de los bañistas. 


Tras más de una hora observándolos, me marché, pero esa misma tarde volví. 
Sobre las 18:30, la marea estaba alta, y tan solo unas pocas rocas muy próximas a la orilla sobresalían del mar. Sobre esas rocas se encontraban los charranes. Esta vez les pude ver cerquísima, de hecho, pude hacer alguna foto (con el móvil) a los adultos que se aproximaban a las rocas para alimentar a sus "hijos".






Esa misma tarde, también vi cornejas negras y una garza imperial que se dirigía hacia las Marismas de Victoria que nos pasó por encima. 

miércoles, 23 de julio de 2014

Paseo en bicicleta por el Valle Amblés.

Hoy, 23 de julio, me he levantado pronto para cogerme la bicicleta e irme a dar un paseo por un camino de tierra que atraviesa gran parte del Valle Amblés, de Ávila a Salobralejo. Hoy tan sólo quería llegar hasta donde conozco, es decir, hasta El Fresno. Salí de casa sobre las 09:25, casi media hora más tarde de lo previsto. En menos de diez minutos, ya estaba en el camino.
La tarde anterior, también había estado por este camino y vi (además de las aves que vi hoy, que ya contaré más adelante) terreras comunes y una calandria, por lo que me figuraba que las aves "estrella" del día serían los aláudidos. Sin embargo, no fue así...

Atardecer en el Valle Amblés

Al principio, el camino esta rodeado de árboles que albergan palomas torcaces, gorriones comunes y verdecillos. Pero a medida que se dejan los árboles atrás, el camino se va animando y empiezan a aparecer collalbas grises y cogujadas comunes. Estas últimas, como es normal en un paisaje de cultivos y barbechos, me acompañarían durante todo el viaje y serían la única especie de aláudido que vería hoy.
Otras aves fáciles de ver son las abubillas, las cornejas negras y los cernícalos vulgares que buscan alimento en los campos colindantes y los jilgueros y pardillos que se posan en los cardos y arbustos de los márgenes del camino. Cuando ya llevaba hechos unos cuantos kilómetros, vi una rapaz sobrevolando una colina. Resultó ser un aguilucho cenizo hembra, especie que no esperaba ver, pero que me alegró el trayecto. También pude ver algunos aviones zapadores que se alejaban de sus colonias para aventurarse en los mares de secano en busca de insectos que llevarse a la boca.

Una vez en El Fresno, me senté a la sombra de un árbol para descansar mientras observaba como paseriformes como lavanderas boyeras y blancas, pardillos, verdecillos, jilgueros, gorriones comunes y chillones, urracas y cogujadas comunes acudían a beber agua del Adaja. Al mismo tiempo, aviones zapadores y de vez en cuando algún solitario abejaruco europeo hacían acrobacias aéreas sobre el río. Tras un descanso de veinte minutos, cogí la bici de nuevo para iniciar el camino de regreso. Pasé por la piscina municipal y, en frente de esta, sobre unos cables, pude contabilizar alrededor de treinta abejarucos europeos. En la entrada de mi blog un paseo junto el adaja os hablaba de un descenso de abejarucos por la zona, que cualquiera que visitara ahora El Fresno no se lo creería, pues parece que ya han llegado.

Barbecho

Hacia El Fresno...

Aún emocionado por esta gran noticia, dejé El Fresno y me interné de nuevo en los cultivos. Ya eran las 10:45 y el calor empezaba a ser agobiante. Aún así, mi bicicleta seguía levantando collalbas grises, cogujadas comunes, pardillos y jilgueros. Aproximadamente un cuarto de hora después, me percaté de la presencia de una gran rapaz sobre un poste eléctrico. La miré con los prismáticos, no la identifiqué, me acerqué un poco y salió volando. Estuvo volando un buen rato alrededor del camino, y durante todo ese tiempo estuve yo tratando de identificarla. Por debajo, era clarísima, practicamente blanca, por lo que pensé en que podría ser o bien un busardo ratonero en morfo claro o bien un águila culebrera. Finalmente, y con la ayuda del buscador de imágenes de Google, determiné que se trataba de un águila culebrera juvenil. Más tarde, lo consulté en una guía de aves para confirmalo y en efecto se trataba de esta bella rapaz.

Sobre el poste eléctrico, águila culebrera

Justo después de que se marchase el águila, apareció una bonita oropéndola de entre los árboles de una finca. Continué por el camino y vi dos aves de tamaño medio posadas sobre unos tendidos eléctricos. Se trataban sin duda del algún tipo de halcón o cernícalo, pero estaban demasiado lejos para determinar la especie. Unos abejarucos europeos pasaron por encima suyo y poco después una de las dos aves salió volando y vino a parar justo a donde yo me encontraba. Estaba encima mío, así que miré con los prismáticos y... ¡un cernícalo primilla! Su pequeño tamaño y la palidez de sus alas le delataban, era un cernícalo primilla hembra. Después de revolotear sobre mi un rato, se volvió al tendido eléctrico. Se posó sobre el poste más cercano, donde se encontraba el otro ave, y éste se posó donde se encontraba antes la hembra. Entonces, pude ver bien las alas de este segundo halcón y me di cuenta de que se trataba de un macho de la misma especie. Vaya bimbazo (o mejor dicho, vaya dos bimbazos), los cernícalos primilla se encuentran en peligro de extinción, y ver a dos ejemplares a escasos kilómetros de mi casa, es todo un privilegio.
Proseguí. El resto del camino estuvo sin novedades, a excepción de un pico picapinos que apareció casi al final del camino, en la zona arbolada.

Llegué a casa, sediento y exhausto, pero convencido de que esta gran mañana se repetirá.