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sábado, 9 de mayo de 2015

Águila pescadora en el embalse de las Cogotas

Embalse de las Cogotas

Hoy, 9 de mayo de 2015, decidí darme una vuelta por el Adaja, pues hacía casi dos semanas que no lo visitaba, y ahora en paso, puede caernos cualquier cosa. Fui concretamente al embalse de las Cogotas, donde el agua había cubierto casi por completo las orillas por las que era fácil moverse hace unos meses. Había poco movimiento en el embalse: un somormujo lavanco (Podiceps cristatus), ánades azulones (Anas platyrhynchos), andarríos chicos (Actitis hypoleucos), garzas reales (Ardea cinerea) y una garceta común (Egretta garzetta), ya no quedaban ninguno de los cormoranes y gaviotas que nos acompañaron durante el invierno. Pese a no haber gran cosa, decidí quedarme un rato más y, de repenté, atisvé la figura de una gran rapaz que sobrevolaba las aguas del pantano. ¡Un águila pescadora (Pandion haliaetus)! Sabía que ya se la había citado alguna vez en este humedal, pero yo era la primera vez que la veía. Venía volando del Sur, descendió e hizo amago de lanzarse a pescar, después siguió su viaje hacia el Norte. Me dejo de cháchara y vamos con las fotos:

Águila pescadora (Pandion haliaetus) en las Cogotas.
Águila pescadora (Pandion haliaetus) en las Cogotas.
Águila pescadora (Pandion haliaetus) en las Cogotas.
Águila pescadora (Pandion haliaetus) en las Cogotas.
Águila pescadora (Pandion haliaetus) en las Cogotas.

Para arrebatar protagonismo a la pescadora, a lo largo de la mañana también aparecieron una tórtola europea (Streptopelia turtur) y una pareja de oropéndolas (Oriolus oriolus).

Oropéndola (Oriolus oriolus) en las Cogotas.

Saludos.
Embalse de las Cogotas


jueves, 21 de agosto de 2014

¡El Adaja no defrauda!

Aprovechando que estoy en Ávila y el curso no ha empezado aún, el martes 19 de agosto por la mañana, decidí darme una vuelta junto al río Adaja, haber que caía...

Salí de casa a las 10:00 y empecé mi itinerario en el puente de la N-403. Andando hacia el Norte, por un camino que sigue el curso del río, veía mirlos, herrerillos, jilgueros, zarceros políglotas (entre los que vi un mosquitero, que no supe identificar) y hasta un papamoscas cerrojillo hembra. Un poco antes de llegar al puente romano o de piedra (no tiene nombre específico), me pasaron volando dos oropéndolas sobre mi cabeza.


Una vez que pasé el restaurante "El Molino de la Losa" el trayecto se empezó a animar. A mi derecha, tenía al río donde no daba a basto con los pajarillos. Herrerillos, carboneros, pardillos, pinzones vulgares, jilgueros, verdecillos, verderones, gorriones comunes y alguno más que se me escapa. A mi izquierda, tenía un baldío. Allí, posados sobre los matorrales que emergían de la tierra, un alcaudón común y hasta cuatro alcaudones reales meridionales (o reales a secas) custotiaban el terreno en busca de alguna presa, mientras un mosquitero musical se internaba en un arbusto y los abejarucos europeos revoloteaban en busca de algún insecto. También vi dos águilas calzadas y un busardo ratonero escudriñando los cielos. Desde allí hasta la Presa de Fuentes Claras, no hubo nada destacable (a excepción de otros dos papamoscas cerrojillos, un juvenil y otra hembra).


Papamoscas cerrojillo hembra, embalse de Fuentes Claras
Una vez en la presa, decidí adentrarme en el embalse que sucedía a Fuentes Claras: el embalse de las Cogotas. Comencé a caminar por la orilla Occidental del embalse, en dirección al Norte. Al poco rato apareció un solitario zampullín chico, seguido por los andarríos chicos, muy comunes en el Adaja en cualquier época del año. En las orillas lavanderas cascadeñas y blancas se alimentaban de lo que pillaban en el fango, y de vez en cuando, pasaban volando cormoranes grandes y garzas reales, y buitres leonados y milanos reales en los encinares que rodean el embalse. De repente, aparecieron volando cuatro aves. ¡Avocetas! A muchas personas que vivan en el Sur o en el litoral mediterráneo les parecerán aves habituales, pero verlas aquí en Ávila y sobre todo en el embalse de las Cogotas es toda una cita. Venían del Norte del embalse y se desplazaban en dirección Sur, pero en seguida cambiaron de dirección se volvieron por donde habían venido. Poco después, pasaron tres gaviotas sombrías volando.

Embalse de las Cogotas
Tras andar y andar llegué a un lugar en el que vi alrededor de 60 cormoranes grandes, 15 garzas reales, un par de garcetas comunes y una cigüeña blanca, que al rato salieron volando pues mi presencia les resultaba incómoda. Se hacía tarde, así que decidí marcharme. A la vuelta vi un juvenil de águila imperial ibérica sobrevolando los encinares colindantes junto a unos buitres leonados. Pero esa no fue la única sorpresa de la vuelta, pues justo después de ver al águila imperial, empecé a oir un chillido muy agudo. ¿Qué pájaro sería el responsable de tal chillido? Parecía que el autor de tal chillido (que se oía por todo el embalse) se encontraba en la orilla, tras una roca. Rodeé la roca y me quedé helado al ver al animal que producía ese ruido. ¡Una NUTRIA! No me lo podía creer, tenía una nutria a dos metros de mi, pero eso no era todo, lo más curioso y emocionante a la vez es que mi presencia no parecía incomodarla, es más se dejó grabar y fotografiar con el móvil!

Algunas fotos:





(En breve subiré los vídeos que hice)


El que no parase de chillar y no le importase que estuviera al lado suyo, se debe a que era un juvenil. Durante los (aproximadamente) 20 minutos que estuve contemplándola, oí como otra nutria (aparentemente en la otra orilla) contestaba a sus chillidos. Se trataría de su progenitor, que andaba buscándola.

Dejé a mi amiga la nutria, y reanudé mi marcha hacia el hogar. Desde allí hasta el final del trayecto sólo puedo destacar dos gaviotas reidoras (con plumaje invernal) descansando en la orilla del embalse y una curruca carrasqueña hembra entre un arbusto que se encontraba en la orilla del embalse de Fuentes Claras.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Turquía I: Cappadocia

La semana del 11-17 de agosto la pasé en Turquía, en un viaje organizado. Tan sólo visité los lugares turísticos, no salí al campo de pajareo, pero aún así hice un buen acopio de especies de aves...

El primer lugar que visitamos fue la región de Cappadocia, en Anatolia central. Dentro de la Cappadocia, visitamos Göreme y Uchisar.

En Göreme, visitamos el museo al aire libre, en el que admiramos las "chimeneas" que la erosión del agua había formado en tiempos pretéritos y las iglesias ocultas en la roca. Los trepadores rupestres y los colirrojos tizones (estos últimos de la subespecie Ochruros, en mi opinión, más bonitos que los de aquí) correteaban por las paredes de roca erosionada.
En frente de la llamada Iglesia de la Manzana, había un pequeño desfiladero con algunos árboles y arbustos, en el que oropéndolas, pitos reales y papamoscas grises revoloteaban.






Después nos fuimos a Uchisar, donde comimos. El restaurante donde comimos tenía vistas al Valle de las Palomas, en el que pude ver aviones roqueros, carboneros comunes, un alcaudón dorsirrojo y un busardo moro. Más tarde, hicimos una parada en el único lugar de toda la Cappadocia donde se podían ver tres chimeneas juntas. Allí, vi un busardo estepario (subespecie oriental del busardo ratonero) y un trepador rupestre.




P.D.: Perdón por la brevedad del texto, pero es que se me acumulan las entradas y no tengo tiempo para extenderme mucho.

miércoles, 23 de julio de 2014

Paseo en bicicleta por el Valle Amblés.

Hoy, 23 de julio, me he levantado pronto para cogerme la bicicleta e irme a dar un paseo por un camino de tierra que atraviesa gran parte del Valle Amblés, de Ávila a Salobralejo. Hoy tan sólo quería llegar hasta donde conozco, es decir, hasta El Fresno. Salí de casa sobre las 09:25, casi media hora más tarde de lo previsto. En menos de diez minutos, ya estaba en el camino.
La tarde anterior, también había estado por este camino y vi (además de las aves que vi hoy, que ya contaré más adelante) terreras comunes y una calandria, por lo que me figuraba que las aves "estrella" del día serían los aláudidos. Sin embargo, no fue así...

Atardecer en el Valle Amblés

Al principio, el camino esta rodeado de árboles que albergan palomas torcaces, gorriones comunes y verdecillos. Pero a medida que se dejan los árboles atrás, el camino se va animando y empiezan a aparecer collalbas grises y cogujadas comunes. Estas últimas, como es normal en un paisaje de cultivos y barbechos, me acompañarían durante todo el viaje y serían la única especie de aláudido que vería hoy.
Otras aves fáciles de ver son las abubillas, las cornejas negras y los cernícalos vulgares que buscan alimento en los campos colindantes y los jilgueros y pardillos que se posan en los cardos y arbustos de los márgenes del camino. Cuando ya llevaba hechos unos cuantos kilómetros, vi una rapaz sobrevolando una colina. Resultó ser un aguilucho cenizo hembra, especie que no esperaba ver, pero que me alegró el trayecto. También pude ver algunos aviones zapadores que se alejaban de sus colonias para aventurarse en los mares de secano en busca de insectos que llevarse a la boca.

Una vez en El Fresno, me senté a la sombra de un árbol para descansar mientras observaba como paseriformes como lavanderas boyeras y blancas, pardillos, verdecillos, jilgueros, gorriones comunes y chillones, urracas y cogujadas comunes acudían a beber agua del Adaja. Al mismo tiempo, aviones zapadores y de vez en cuando algún solitario abejaruco europeo hacían acrobacias aéreas sobre el río. Tras un descanso de veinte minutos, cogí la bici de nuevo para iniciar el camino de regreso. Pasé por la piscina municipal y, en frente de esta, sobre unos cables, pude contabilizar alrededor de treinta abejarucos europeos. En la entrada de mi blog un paseo junto el adaja os hablaba de un descenso de abejarucos por la zona, que cualquiera que visitara ahora El Fresno no se lo creería, pues parece que ya han llegado.

Barbecho

Hacia El Fresno...

Aún emocionado por esta gran noticia, dejé El Fresno y me interné de nuevo en los cultivos. Ya eran las 10:45 y el calor empezaba a ser agobiante. Aún así, mi bicicleta seguía levantando collalbas grises, cogujadas comunes, pardillos y jilgueros. Aproximadamente un cuarto de hora después, me percaté de la presencia de una gran rapaz sobre un poste eléctrico. La miré con los prismáticos, no la identifiqué, me acerqué un poco y salió volando. Estuvo volando un buen rato alrededor del camino, y durante todo ese tiempo estuve yo tratando de identificarla. Por debajo, era clarísima, practicamente blanca, por lo que pensé en que podría ser o bien un busardo ratonero en morfo claro o bien un águila culebrera. Finalmente, y con la ayuda del buscador de imágenes de Google, determiné que se trataba de un águila culebrera juvenil. Más tarde, lo consulté en una guía de aves para confirmalo y en efecto se trataba de esta bella rapaz.

Sobre el poste eléctrico, águila culebrera

Justo después de que se marchase el águila, apareció una bonita oropéndola de entre los árboles de una finca. Continué por el camino y vi dos aves de tamaño medio posadas sobre unos tendidos eléctricos. Se trataban sin duda del algún tipo de halcón o cernícalo, pero estaban demasiado lejos para determinar la especie. Unos abejarucos europeos pasaron por encima suyo y poco después una de las dos aves salió volando y vino a parar justo a donde yo me encontraba. Estaba encima mío, así que miré con los prismáticos y... ¡un cernícalo primilla! Su pequeño tamaño y la palidez de sus alas le delataban, era un cernícalo primilla hembra. Después de revolotear sobre mi un rato, se volvió al tendido eléctrico. Se posó sobre el poste más cercano, donde se encontraba el otro ave, y éste se posó donde se encontraba antes la hembra. Entonces, pude ver bien las alas de este segundo halcón y me di cuenta de que se trataba de un macho de la misma especie. Vaya bimbazo (o mejor dicho, vaya dos bimbazos), los cernícalos primilla se encuentran en peligro de extinción, y ver a dos ejemplares a escasos kilómetros de mi casa, es todo un privilegio.
Proseguí. El resto del camino estuvo sin novedades, a excepción de un pico picapinos que apareció casi al final del camino, en la zona arbolada.

Llegué a casa, sediento y exhausto, pero convencido de que esta gran mañana se repetirá.



jueves, 19 de junio de 2014

Paseando junto al Adaja

Hoy, jueves 19 de junio, un amigo mío y yo, nos fuimos a dar un paseo junto al río Adaja para celebrar el fin del curso. Nuestro objetivo era llegar hasta la localidad de El Fresno y, posteriormente, al despoblado de El Merino, cerca de la localidad anterior.
Inciamos nuestra marcha a las 08:45 aproximadamente, caminando hacia el Sur, junto al Adaja. En seguida llegamos a El Soto, donde pudimos disfrutar de una caminata mañanera.

Hasta entonces, apenas habíamos visto algunos ruiseñores y verdecillos, pero cuando salimos de El Soto, la cosa cambió. A nuestra izquierda, eriales y cultivos, y a nuestra derecha, el río Adaja. Era pronto, el Sol aún no calentaba mucho y hacía una brisa muy agradable, y las aves lo aprovechaban. Los campos estaban llenos de lavanderas boyeras y trigueros, y los cielos, patrullados por milanos negros, águilas calzadas y cernícalos vulgares. De repente, vi posado sobre una verja un ave gris. Miré con los prismáticos y resultó ser un cuco común. Es un ave muy común por estas fechas pero nunca lo había visto desde tan cerca. Se le veía perfectamente. Después levantamos a otro adulto con una oruga en el pico, después a un juvenil y después a otro adulto. Me sorprendió ver tantos juntos y tan cerca del camino.

Paramos un momento en una "playita" que había en el río, donde vimos cogujadas comunes y lavanderas boyeras abrevando. Seguimos, y al poco rato ya nos encontramos con las primeras fincas y granjas de El Fresno. Por este tramo del camino abundaban las collalbas grises. Es extraño, pero antes de llegar al tramo humanizado no apareció ninguna collalba, sin embargo aquí pudimos ver todas las que quisimos. Llegamos a el pueblo, y nos sentamos a la sombra de unos árboles junto al río. Se estaba tan a gusto, que nos quedamos ahí más de una hora. No nos faltó entretenimiento (al menos a mí). Desde allí podíamos ver las acrobacias de los aviones zapadores, muy comunes en este tramo del río, y que tenían sus nidos (que en realidad son agujeros) en los taludes de la orilla opuesta. Lavanderas blancas y boyeras, cogujadas comunes, urracas, jilgueros, pardillos y gorriones chillones bebían de las aguas del Adaja. Éstos últimos, criaban junto a los aviones zapadores y eran también muy abundantes. A los paseriformes ya mencionados, se les unió un chorlitejo chico, que en seguida se fue volando. Aguas arriba, se podían ver a cigüeñas blancas, garcillas bueyeras y garcetas comunes pescando.

Sentado en aquel lugar, me llevé una gran alegría al ver a un abejaruco europeo que entraba y salía de su agujero, separado de la colonia de aviones zapadores y gorriones chillones. En años anteriores, los abejarucos eran abundantísimos en este lugar, se podían contar decenas de parejas reproductoras, pero este año, apenas se habían visto abejarucos por El Fresno, y parecía que ya no se reproducían por el lugar. Por ello, me hizo mucha ilusión ver que por lo menos criaba una pareja. También eran comunes las abubillas, que a diferencia de sus primos los abejarucos, seguían siendo tan abundantes como siempre.

Taludes donde crían aviones zapadores, gorriones chillones
y al menos una pareja de abejarucos

Continuamos andando. El río estaba lleno de garcillas y garcetas, a las que de vez en cuando se les sumaban garzas reales y cigüeñas blancas. Llegamos a El Merino, un pueblo abandonado donde pocas casas se mantenían en pie, pues estaban casi todas derruidas. Allí parecía que lo único que había eran gorriones comunes, pues en cada una de las casas había varias parejas. Teníamos hambre, y aunque sólo eran las 12:00 del mediodía, decidimos buscar un sitio para comer. Mientras lo buscábamos, levantamos a un mochuelo común, que no se que andaba haciendo por ahí al mediodía, pues supuestamente es un ave nocturna. Finalmente nos sentamos sobre un pequeño muro y empezamos a comernos nuestros bocadillos. Desde ahí, pudimos ver una oropéndola y varias abubillas pasar volando. Tras descansar una hora, me dí una vuelta por el despoblado y volví a levantar al mochuelo y me pareció ver un gorrión chillón. 


Despoblado de El Merino

Iniciamos el camino de vuelta. Ya en El Fresno, me llevé una sorpresa aún mayor que la del abejaruco, pues en unos taludes que hay en frente de la piscina municipal, vi al menos dos agujeros ocupados por abejaruco europeo, también alejados de los aviones y gorriones. Y, encima de ellos, había otros cinco abejarucos posados en los cables eléctricos. ¡Los abejarucos siguen criando en El Fresno! No me explico por qué han tardado tanto en aparecer, pues otros años ya están en abril. También es curioso que las pocas parejas que he visto no críen junto con los aviones zapadores y gorriones chillones, cuando otros años crían en juntos en las mismas colonias.

Tras una breve pausa bajo los mismos árboles que esta mañana, seguimos andando. Hacía un Sol de justicia y un calor insoportable, por lo que volvimos a parar en la "playita", donde vimos una terrera común bebiendo agua del río. A partir de allí, y hasta llegar a Ávila, no vimos ningún otro pájaro destacable o que no hubiésemos visto antes, sin contar con un par de mosquiteros papialbos que vimos por El Soto.

Llegamos sobre las 16:00 a nuestras respecitvas casas exhaustos, pero no por el trayecto (que era muy largo), sino por el agobiante calor. Pero a pesar del calor, fue un día muy agradable, sin duda, el mejor del curso.

Río Adaja a la altura de El Merino
Algunas aves observadas durante la salida: de izquierda a derecha;
chorlitejo chico, cuco común, abubilla, oropéndola,terrera común,
águila calzada, abejaruco europeo, collalba gris, avión zapador.


martes, 17 de junio de 2014

Un paseo a Sonsoles.

Puesto que el curso está tocando a su fin y las aulas están prácticamente vacías, sin materia que avanzar, me "escapé" de clase y me fui con un amigo mío andando hasta el Santuario de Sonsoles, no sin antes pasar mi casa para coger mis prismáticos...

El camino empieza siguiento el cauce del, ahora seco, río Chico. Por allí pudimos ver, las aves típicas del lugar, lavanderas blancas, jilgueros, cernícalos vulgares, verdecillos y un macho de curruca capirotada. 
Continuamos andando hasta llegar a cultivos y eriales que preceden a la empinada cuesta que hay que subir antes de llegar al Santuario. Durante este tramo, nos acompañaron cigüeñas blancas, cogujadas comunes, collalbas grises y algunas terreras comunes. 


Cultivos y eriales, con Ávila al fondo
Una vez en la ya mencionada cuesta, los pardillos y las tarabillas comunes relevaron a los aláudidos y a las collalbas. Las tarabillas, no paraban de ir y venir de los arbustos circundantes. Se posaban, se iban, volvían a posarse con un insecto en la boca, y se volvían a ir. Llegamos al Santuario, desde el que se veía toda Ávila, así como a los milanos negros y buitres leonados que la vigilaban desde los cielos. 


En los jardines del Santuario, gorriones comunes, pardillos, verdecillos, verderones, jilgueros y demás paseriformes revoloteaban buscando sustento que llevarse a la boca. Estábamos sentados en un banco cuando, de repente, vi un ave de tamaño medio atravesando los pocos árboles que hay por allí. ¡Una oropéndola! Fui en su busca, pero antes de que yo pudiera localizarla entre las copas de los árboles, salía volando para esconderse entre la espesura. Estuve un buen rato viéndola como pasaba sobre mi cabeza para después volver a perderla, hasta que se posó en la rama de un pino. No se estuvo mucho rato quieta, pero yo tuve tiempo de sobra para deleitarme viéndola desde tan cerca y posada, pues la había visto anteriormente, pero siempre en vuelo. 

Santuario de Sonsoles
Tras descansar un rato, iniciamos el camino de vuelta. Vimos prácticamente lo mismo: en la cuesta, los mismos pardillos y tarabillas, en los campos, las mismas collalbas y aláudidos, etc. Sin embargo, en uno de los matorrales de la cuesta, junto a una tarabilla común, vi una curruca zarcera macho (que si la había visto anteriormente, no lo recuerdo, pues hasta hace poco no me fijaba en los paseriformes...) Cerca de los cultivos y eriales, en un matojo, vi un sílvido que no supe identificar, pero que supongo que sería un zarcero. Por lo demás, no hubo ninguna novedad respecto a aves.

Fue un camino muy agradable, quizás porque la compañía (tanto humana como ornítica) era buena. Mereció la pena.

domingo, 15 de junio de 2014

Excursión a las Arribes del Duero

El pasado Puente de Mayo, hicimos una excursión, de dos días, a las Arribes del Duero.

Empezamos la excursión en el pueblo portugués de Miranda do Douro, del que partía una ruta en barco por el río Duero. Desde el barco que recorría las aguas internacionales que hay entre los dos países ibéricos, España y Portugal, pudimos ver aviones roqueros, golondrinas dáuricas y vencejos reales que sobrevolaban el río deleitándome con sus acrobacias. En los roquedos, roqueros solitarios y tarabillas comunes buscaban algún insecto que llevarse a la boca mientras los cielos eran custodiados por chovas piquirrojas, cernícalos vulgares, buitres leonados, un águila real juvenil y un águila perdicera. 


Cárcavas en Miranda do Douro

Pasamos la noche en Aldeadávila (Salamanca), y al día siguiente fuimos al Mirador de las Janas, en la localidad de Saucelle, donde vimos más buitres leonados, alimoches, milanos negros y aves paseriformes como cogujadas comunes, trigueros, tarabillas comunes y un escribano hortelano hembra.

Después, fuimos al Pozo de los Humos, donde apenas vimos aviones roqueros y algún buitre leonado, pero por el camino que hay desde el pueblo hasta el Pozo (hay dos caminos: uno en choche y otro a pie, nosotros fuimos a pie) vimos tarabillas comunes, trigueros, jilgueros, verdecillos y hasta tres
preciosas oropéndolas. 

Pozo de los Humos
Después de comer, cogimos otro barco desde Aldeadávila, desde el que no vimos nada nuevo: más aviones roqueros, más buitres leonados, alguna chova piquirroja, algún cormorán grande y otra oropéndola.

Pared rocosa en Aldeadávila